Namasté querido ser de Luz.

Es importante tomar conciencia que la vida no es de color de rosa, y que vamos a pasar por muchísimas situaciones en la que no se van a cumplir nuestras expectativas, creencias o deseos.

Lo que sí está en nuestra mano es aprender a gestionar esas situaciones dolorosas.

El sufrimiento es una sensación causada por la percepción de tu mente sobre algo que ha experimentado tu ser. Tiene que ver con lo que la mente te dice sobre ese hecho.

Sufres cuando recuerdas algo y te lamentas por no haber respondido de cierta forma. Sufres cuando te angustias sobre algo que todavía no sucede, y que además podría no suceder.

El miedo es la herramienta mental para ligarte a eventos que no están sucediendo en este momento

“El dolor es inevitable, el sufrimiento opcional”

Necesitamos tomar conciencia que el dolor, aunque es una emoción y una sensación difícil y desagradable, forma parte de la vida y va unida a situaciones inevitables que experimentamos, unidas a las pérdidas, a situaciones de cambios o a situaciones donde nuestras expectativas distan mucho de lo que en realidad está ocurriendo en nuestra vida.

Por esta razón mi intención es que puedas tomar conciencia que el dolor forma parte del proceso de la vida y es inevitable, a pesar de que muchas veces queramos rechazarlo, es lo que necesitamos para aprender a gestionarlo.

Sin saberlo, somos nosotros mismos los que hacemos más angustioso nuestro dolor.

Acrecentamos nuestro dolor con nuestros pensamientos y con nuestras resistencias, y en ese contexto entramos en una lucha y resistencia con la vida, con el exterior, con nosotros mismos.

Reaccionamos contra la situación porque no queremos experimentar dolor, pero el dolor es inevitable y si no aprendemos a gestionarlo lo que hacemos es agrandarlo.

Porque el dolor y el sufrimiento no es lo mismo. Como decía Buda:

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.

Y explicaba la diferencia entre dolor y sufrimiento a través de la metáfora de la flecha, ¿la conoces? La metáfora es la siguiente:

Buda decía que de vez en cuando la vida nos lanza una flecha.

Esa flecha que a veces recibimos de la vida representa nuestras circunstancias adversas o desagradables. Es aquello que recibimos de nuestro mundo exterior y que no depende de nosotros, en forma de dolor, pérdida o daño, o incluso de nuestro propio mundo interior como una enfermedad.

Esta flecha que nos lanza la vida no la podemos controlar ni evitar. Cuando llega a nuestra vida, llega sin que podamos hacer nada y el dolor que viene con ella tampoco lo podemos esquivar.

Todos recibimos esas flechas. Por eso, si aprendiéramos a aceptar las flechas que nos envía la vida y aprendiéramos a gestionar el dolor de esa flecha, nuestro dolor sería, aunque desagradable, mucho más sencillo de transcender.

Sin embargo, lejos de aceptar esas flechas, lo que hacemos frecuentemente es que nosotros mismos nos disparamos una segunda flecha, y además mucho más dolorosa que la primera.

Esta segunda flecha no nos la envía la vida, sino que nos la lanzamos contra nosotros mismos. Además, es una flecha que está cargada del veneno de lo que nos contamos, de nuestros juicios, de nuestros pensamientos y de nuestras expectativas.

Esta flecha está cargada de los mensajes dañinos que nos decimos y que van en contra de nosotros, en contra los demás o en contra de la vida. Es la flecha que nos hace realmente insoportable esa situación, la que nos genera el sufrimiento.

La primera flecha, la que nos envía la vida, no la podemos evitar ni controlar, ya que no depende de nosotros. Y el dolor asociado a esa flecha tampoco.

Pero la segunda, la que nosotros mismos nos lanzamos (y lo peor es que no solo una vez sino muchas) está en nuestro evitarla.

¿Cómo?

Aceptando que el dolor forma parte de la vida.

Aceptando esa primera flecha que a veces recibimos como parte de la vida, que forma parte de la experiencia de vivir, y así no lanzándonos nosotros más y más flechas.

Estar en el aquí y el ahora

Cuando estás en el aquí y el ahora, permites que lo que vas experimentando sea, tal cual es, sin luchar ni tratar de controlarlo. Y ahí, justo ahí, sin importar lo que se experimenta, puedes comprobar que la vida es maravillosa.

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Espero que te dé mucha Luz. Te extiendo en Luz y en Amor.

 

Recuerda, eres luz eres amor Eres abundancia.

Luz Andrea Aza Larrahondo.

 

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